Yo era la muchacha que siempre decía que nadie me trataría mal. Yo les decía a mis amigas que el día que un muchacho me levantara la voz, lo dejaría. Crecí en un hogar donde la violencia doméstica era un miembro más de nuestra familia. Yo miré con mis propios ojos por lo que mi mamá pasó con mi papá – ser amenazada, ser insultada y ser golpeada regularmente. Seguido tenía que dormir en el suelo, como un animal. Yo juré que yo no sería así-¡NUNCA! Trabajé muy duro en la escuela para que pudiera ir al colegio y hacer una buena vida para mí misma para no tener jamás que depender de un hombre para mi bienestar. Yo sabía que mi meta principal era ser independiente porque mi mamá jamás lo había sido. Si lo hubiera sido, quizás podría haber dejado a mi papá.
Aún era muy ignorante acerca de la violencia doméstica en ese entonces. Salí con muchachos muchas veces durante la secundaria-casualmente, nada serio hasta mi ultimo año. Había graduado temprano y estaba gozando de tiempo libre fuera de la escuela cuando lo conocí. Nos conocimos en una fiesta hogareña y me besó luego, esa noche, aunque él estaba hablando con una de mis amigas. Intercambiamos números de teléfono y empezamos a llamarnos poco después. En nuestra “primer cita” tuvimos relaciones sexuales, con mi consentimiento. Él fue muy halagador y parecía muy dulce y muy maduro. Era unos cuantos años mayor que yo, tenía su propio apartamento y vendía drogas (lo que me parecía muy a todo dar en ese tiempo). El inicio de nuestra relación fue todo romance y rosas, como siempre lo es. Me compraba cosas y me llevaba a cenar y al cine. También estuvimos sexualmente activos. Básicamente, pasamos todo el tiempo haciendo cosas menos llegando a conocernos, lo que es como un fuerte cimiento que se estable en una relación.
El abuso emocional, verbal y mental por fin llegó a ser físico una noche, durante una riña que inició cuando él me aventó un pedazo de madera y me pegó en un codo. Tuve que ir al hospital esa noche y llamar a mi mamá. Sentí tanta pena y vergüenza. La mujer en el hospital me seguía diciendo que debería dejarlo, pero no estaba aún lista a hacerlo. Ese verano él salió del pueblo para un internado que yo le había ayudado a conseguir (él empezó sus estudios poco después que yo) y yo me fui a vivir con una amistad. Antes de que se fuera terminamos, pero nos volvimos a juntar. Después de una riña una noche, llamó a mi mejor amiga para platicar con ella y ella me dijo que no lo volviera a llamar. Yo no le pregunté lo que él había dicho pero por fin pensé que eso no estaba bien. Me odiaba yo misma cuando estaba con él y eso era un sentimiento muy malo. Le llamé para decirle que jamás lo volvería a llamar y sólo se rió de mí. Se fue por el verano y a su regreso, me llamó para preguntarme dónde íbamos a vivir. Hablamos unas cuantas veces, sólo para que yo le dijera que ya habíamos terminado. Necesitaba cuidarme yo misma y no tener más contacto con él.
Unos cuantos meses después entré a un restaurante y lo encontré con aquella mejor amiga mía quien me había dicho que ya no lo volviera a llamar. Habían estado en una relación amorosa por más de un año y él había estado teniendo relaciones sexuales con otras personas también. Es bueno que me había estado examinado médicamente seguido. ¿Quién sabe con que me pudo haber infectado? He aprendido MUCHO desde entonces-acerca de mí, de los hombres y relaciones saludables de todo tipo. Estoy agradecida por todo el tiempo que no pasamos juntos. Habíamos hablado de matrimonio y no me puedo imaginar una vida como la que yo había tenido y traer niños a una situación así. Qué tan triste hubiera sido para ellos y para mí. Por gracia, salí segura y sana de esa relación. Un poco golpeada y adolorida, sí. ¡Pero yo sé ahora lo que merezco y es mucho más que eso!